En un momento en el que parece que todo hay que hacerlo rápido, en el que la sensación de urgencia domina, en el que incluso salimos a correr con el móvil por miedo a perdernos algo y en el que parece que hacemos las cosas más para enseñarlas que para vivirlas, surge ‘the running boy’.
‘the running boy’ reclama un poco de pausa. Reclama ese estado de calma y de lucidez que aparece después de salir a correr un rato. Ese estado en el que las cosas
parecen colocarse en el lugar que les corresponde y nos recuerda cual debería
ser el verdadero motivo. Ese estado en el que, independientemente de que salgas
a correr veinte minutos o decidas salir dos horas, ‘el tú de después de correr
es mejor que el tú de antes de haber salido’.